Los tapabocas o cubrebocas... todo chilango hoy está rodeado de un paisaje repleto de rostros parciales, de medias caras que recuerdan latitudes odaliscas; es necesario volver a aprender los rostros ya que en ocasiones no resulta fácil deducir cuál es la porción restante a partir de la fracción expuesta del rostro de las personas que se cruzan con nuestras miradas.
Así es: la influenza humana (como ahora pretende rebautizarse a la de por sí ya multidenominada enfermedad) ha puesto en cada temeroso urbano un tapabocas, por lo que resulta interesante analizar este fenómeno.
El cubrebocas común tiene como función el generar una barrera que dificulte el tránsito de material no microscópico potencialmente infeccioso. Dicho en palabras más sencillas, sirve para no escupir ni que nos escupan en la boca. Básicamente es un material textil o un polímero, en una o múltiples capas; desgraciadamente carece de propiedades de radiación ultravioleta, de filtración absoluta y tampoco rocía ningún agente antiviral. Por mucho que ajustemos los elásticos y por muy buena que sea nuestra circulación sanguínea, su sello con la piel no es exactamente hermético; no tiene empaques, ni juntas, ni sellos mecánicos. ¿Y por qué confiamos tanto en el pinchurriento pedacito de tela que a todas luces se deshace en la lavadora? A mi parecer se debe a que no tenemos nada mejor de donde asirnos para sentirnos más seguros.
El tapabocas puede ser útil en entornos de cercanía y proximidad con otras personas cuando al menos una de ellas está infectada. Al hablar con alguien infectado, puede defendernos de recibir gotitas de baba conteniendo virus. Lo pintorescos casos que resultan ahora frecuentes en los que vemos a un automovilista solo en su coche, con ventanas cerradas, aire acondicionado apagado y el tapabocas puesto con el resorte a todo lo que da son ejemplos de necesitar aferrarnos a algo que nos simule seguridad. Para el virus solitario el tapabocas no existe; es miles de veces más pequeño que los poros del cubrebocas y puede atravesarlo sin la menor complicación. Por el contrario, usar tapabocas no nos blinda ni genera inmunidad en nuestro metabolismo. La novedosa prenda no hace que podamos restregarnos contra hordas y multitudes sin temer al contagio. Hay que usar el cubrebocas en situaciones de conglomeraciones, y no por usarlo debemos considerar que estamos completamente protegidos.
Por cierto, un tapabocas común dura unas pocas horas. Si dosificamos su uso puede durarnos más tiempo efectivo. Quienes usan el tapabocas hasta para bañarse, van a necesitas una buena dotación de tapabocas ya que a ese ritmo requerirán varios al día.
Usa el tapabocas cuando tenga sentido, y sólo cuando tenga sentido.
jueves, 30 de abril de 2009
miércoles, 29 de abril de 2009
Crónicas de influenza
Mañana por la noche se cumplirá una semana. Sí, hace ya casi siete días que la palabra "influenza" comenzó a tomar un nuevo sentido en la vida de los mexicanos. Hemos sobrevivido sin problema a la gripe aviar, al SARS, a la crisis económica, a la ausencia de la selección en los juegos olímpicos y hasta a Sven-Göran Eriksson. Nos creíamos fuertes... hasta hace casi siete días.
Hoy la gente tiene miedo. Trata de no salir de sus casas, de minimizar contacto con otras personas y de aislarse tanto como le sea posible. Parecería que la leche de los chamacos dejó de ser artículo indispensable en el refri; lo que ahora importa es tener a la mano -por así decirlo- un buen tapabocas aunque tenga ya varios días de uso y huela medio feo. Lo importante es tenerlo, aunque lo portemos en el cuello como si quisiéramos calentarnos la garganta: de cualquier forma nos hace ver cool y nos permite identificarnos como miembros legítimos de la paranoia colectiva que hoy es ya parte de nuestra identidad nacional.
No nos confundamos. Sin duda la influenza porcina (o gripe porcina, o influenza mexicana, o A/H1N1, o como quieran referirse a esta situación) es algo para tenerse en cuenta y tomar medidas al respecto. Pero no permitamos que se convierta en el centro de nuestras vidas... hoy por hoy es mucho mayor la probabilidad de que a un conductor le roben su coche que la de contagiarse de influenza, con o sin tapabocas.
Quizá el tapabocas que debemos conseguir sea el psicológico: aquel que nos haga cerrar la boca cada vez que sintamos aquel impulso carcomiente, casi desgarrante y difícil de someter que continuamente nos lleva a decir burradas. La influenza no es un arma química. La influenza no es un ataque intergaláctico. La influenza no es una cortina de humo para ocultar algo terrible como que Felipe Caledrón vendió el país o algo así. La influenza no es un método de manipulación para que los gringos "nos salven" con una vacuna sorpresivamente sacada de la manga, la cual nos será facilitada a cambio del petróleo nacional. La influenza no es un castigo divino. La influenza no es un mecanismo de manipulación. La influenza no es un experimento militar. La influenza no es una estrategia de sindicatos para fortalecer negociaciones. La influenza no es un ardid para reactivar la industria farmacéutica ni las instituciones de salud. La influenza no es una metodología para afianzar políticos en puestos actuales, ni un novedoso método de pezca de huesos para el próximo sexenio. La influenza tampoco es una banda de rock, al menos hasta hoy.
Así que dejémonos de andar esparciendo ideas extrañas. Esa quizá sea la verdadera infección: la causada en un pueblo fanático de las historias fantásticas. Mejor comencemos a tomar medidas realmente útiles y continuemos dentro de lo posible con nuestras actividades. Y quien de plano no pueda contenerse de decir tonterías, que mejor ponga su blog ;-)
Hoy la gente tiene miedo. Trata de no salir de sus casas, de minimizar contacto con otras personas y de aislarse tanto como le sea posible. Parecería que la leche de los chamacos dejó de ser artículo indispensable en el refri; lo que ahora importa es tener a la mano -por así decirlo- un buen tapabocas aunque tenga ya varios días de uso y huela medio feo. Lo importante es tenerlo, aunque lo portemos en el cuello como si quisiéramos calentarnos la garganta: de cualquier forma nos hace ver cool y nos permite identificarnos como miembros legítimos de la paranoia colectiva que hoy es ya parte de nuestra identidad nacional.
No nos confundamos. Sin duda la influenza porcina (o gripe porcina, o influenza mexicana, o A/H1N1, o como quieran referirse a esta situación) es algo para tenerse en cuenta y tomar medidas al respecto. Pero no permitamos que se convierta en el centro de nuestras vidas... hoy por hoy es mucho mayor la probabilidad de que a un conductor le roben su coche que la de contagiarse de influenza, con o sin tapabocas.
Quizá el tapabocas que debemos conseguir sea el psicológico: aquel que nos haga cerrar la boca cada vez que sintamos aquel impulso carcomiente, casi desgarrante y difícil de someter que continuamente nos lleva a decir burradas. La influenza no es un arma química. La influenza no es un ataque intergaláctico. La influenza no es una cortina de humo para ocultar algo terrible como que Felipe Caledrón vendió el país o algo así. La influenza no es un método de manipulación para que los gringos "nos salven" con una vacuna sorpresivamente sacada de la manga, la cual nos será facilitada a cambio del petróleo nacional. La influenza no es un castigo divino. La influenza no es un mecanismo de manipulación. La influenza no es un experimento militar. La influenza no es una estrategia de sindicatos para fortalecer negociaciones. La influenza no es un ardid para reactivar la industria farmacéutica ni las instituciones de salud. La influenza no es una metodología para afianzar políticos en puestos actuales, ni un novedoso método de pezca de huesos para el próximo sexenio. La influenza tampoco es una banda de rock, al menos hasta hoy.
Así que dejémonos de andar esparciendo ideas extrañas. Esa quizá sea la verdadera infección: la causada en un pueblo fanático de las historias fantásticas. Mejor comencemos a tomar medidas realmente útiles y continuemos dentro de lo posible con nuestras actividades. Y quien de plano no pueda contenerse de decir tonterías, que mejor ponga su blog ;-)
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