jueves, 30 de abril de 2009

Adictos al tapabocas

Los tapabocas o cubrebocas... todo chilango hoy está rodeado de un paisaje repleto de rostros parciales, de medias caras que recuerdan latitudes odaliscas; es necesario volver a aprender los rostros ya que en ocasiones no resulta fácil deducir cuál es la porción restante a partir de la fracción expuesta del rostro de las personas que se cruzan con nuestras miradas.
Así es: la influenza humana (como ahora pretende rebautizarse a la de por sí ya multidenominada enfermedad) ha puesto en cada temeroso urbano un tapabocas, por lo que resulta interesante analizar este fenómeno.
El cubrebocas común tiene como función el generar una barrera que dificulte el tránsito de material no microscópico potencialmente infeccioso. Dicho en palabras más sencillas, sirve para no escupir ni que nos escupan en la boca. Básicamente es un material textil o un polímero, en una o múltiples capas; desgraciadamente carece de propiedades de radiación ultravioleta, de filtración absoluta y tampoco rocía ningún agente antiviral. Por mucho que ajustemos los elásticos y por muy buena que sea nuestra circulación sanguínea, su sello con la piel no es exactamente hermético; no tiene empaques, ni juntas, ni sellos mecánicos. ¿Y por qué confiamos tanto en el pinchurriento pedacito de tela que a todas luces se deshace en la lavadora? A mi parecer se debe a que no tenemos nada mejor de donde asirnos para sentirnos más seguros.
El tapabocas puede ser útil en entornos de cercanía y proximidad con otras personas cuando al menos una de ellas está infectada. Al hablar con alguien infectado, puede defendernos de recibir gotitas de baba conteniendo virus. Lo pintorescos casos que resultan ahora frecuentes en los que vemos a un automovilista solo en su coche, con ventanas cerradas, aire acondicionado apagado y el tapabocas puesto con el resorte a todo lo que da son ejemplos de necesitar aferrarnos a algo que nos simule seguridad. Para el virus solitario el tapabocas no existe; es miles de veces más pequeño que los poros del cubrebocas y puede atravesarlo sin la menor complicación. Por el contrario, usar tapabocas no nos blinda ni genera inmunidad en nuestro metabolismo. La novedosa prenda no hace que podamos restregarnos contra hordas y multitudes sin temer al contagio. Hay que usar el cubrebocas en situaciones de conglomeraciones, y no por usarlo debemos considerar que estamos completamente protegidos.
Por cierto, un tapabocas común dura unas pocas horas. Si dosificamos su uso puede durarnos más tiempo efectivo. Quienes usan el tapabocas hasta para bañarse, van a necesitas una buena dotación de tapabocas ya que a ese ritmo requerirán varios al día.
Usa el tapabocas cuando tenga sentido, y sólo cuando tenga sentido.

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